Presentación en México




En esta antología se encuentra la serie de poemas Fotos de cartón de mi libro Isondú. En la foto, el poeta y editor colombiano Federico Díaz Granados presenta Resistencia en la Tierra en México

La Mezquina



La Mezquina

La Mezquina se erige en el centro
de una multitud de caminantes
cuyo desplazamiento está orientado
hacia la densidad.

A medida que avanzan unos contra otros,
los peregrinos pierden peso y tamaño.
La incomodidad acomoda y distribuye
brazos piernas torsos e indefensos pies.

Los pies soportan la cercanía
con la fe acumulada en el trayecto.
Sus portadores ven crecer el camino
detenido debajo de su sombra.

La sombra de la Mezquina anula todas las demás.
A sus pies crece una penumbra mayor:
la insoportable quietud de la compañía.

Haber caminado solo para esto.
Haber caminado sólo para esto.

Haber caminado solo para esto.
Haber caminado sólo para esto.

El himno del retorno alterna el lugar
donde se pone el acento.

Los feligreses vuelven sobre sus pasos
confundidos en el polvo.

Ya no se sabe dónde va la próxima pisada
tanto cordón desatado tanta ampolla
tanto talón sobre tanto empeine
tanta satisfacción necesitada tanta debilidad.

La penumbra es por el agotamiento del camino.
El fin de todos los principios está grabado en la suela.
Un dibujo indescifrable sólo legible para ojos ajenos.

Un fragmento entre miles.

Los pies en el aire



bienvenidos a lo insoportable
la carne ha dejado de ser humana
es la carne del pedido
la imposible carne

la vida no prefiere el aire invisible
bienvenidos
bienvenidos
señores
a bajar de los aviones

es urgente señores del decir

digamos
que muy urgente

los muertos no quieren ser muertos
desaparecen
para el pedido

y no vuelven
a menos que

se haga carne lo que sólo fue voz
voladora
trashumante

señores, señores
del aire bajensé

desde lejos no se ve la carne

Selfish






selfish

era un pescado con un brazo de más
el de empuñar la cámara
y otros órganos
de la concentración
en sí mismo

era un pescado con un brazo de menos
que le impedía abrazar
causas mayores

era un pedazo de animal
nunca completo
tres partes de agua y otra a la deriva

la aleta caudal en la cabeza
y la cabeza detrás
de lo primero que cruzara
de una orilla a la otra
entre su reflejo
y su puesta en fuga

sin recipiente
sin rumbo

líquido hasta la médula
el ex pez
que hubo una vez

boquea a su aire
en su alquitrán

y en lo negro del ojo
aparece el parecido
desaparecido



El 20 de Diciembre de 1920, en una azotea del Marceau Studio, en Nueva York, The Byron Company realizó esta fotografía utilizando un ojo de pez. Los protagonistas de la instantánea son: Joseph Byron, Ben Falk (sostienen la cámara), Pirie MacDonald (centro) el coronel Marceau, y Pop Core.

Calicantos



Mercedes Benz

Una de cal.
Una de arena.
Una de canto.
Únase todo en clara de huevo
batido punto aluvión
y deténgase en seco.

Importante dejar todo como está,
macerando en su intemperie.

Los elementos harán por su merced
lo que su merced merezca.

Un escudo redondo
que contenga las tres puntas
de una estrella:
aire, tierra, agua.

Un camión de frente en bajada
buscando dónde estacionar
dónde enfriar los frenos.

Un escudo redondo
en cada una de las ruedas,
cuesta abajo
cuesta abajo
cuesta abajo.

Un motor inmóvil,
todo gravedad
canto rodado
quemazón de cal en el asfalto.

La estrella de tres puntas enloquecida.
La inminencia infinita, sus rayos invisibles.

Estás buscando un símbolo de paz.

Los animales esperan abajo.
Los ojos llenos de tierra.
Los diques llenos de aire.

El agua llena de agua
y más agua
y más
y más.

Saltan las defensas.

Estás buscando un símbolo de paz,
con todos los animales chapaleando en la sed,
los paladares de frente march.
Los tibios dispuestos a perder temperatura.
Los fríos renunciando a la tibieza.
Y los calientes listos preparados ya
con el camión a milímetros,
con Janis a todo volumen:

Oh, Lord, won’t you buy me
a Mercedes Benz?

Una mano, sus dedos
de frente.
Dos manos, sus dedos
de frente.

Manos que ya son de barro
tanto apretar al amor.

 Calicantos.









Isondú cumple 100 años


Editado en 1914, el verdadero Isondú arrancaba con el siguiente acápite: “El Isondú, nombre que en guaraní significa gusano de luz, es, a no dudarlo, una verdadera maravilla en el pequeño mundo entomológico. Por nuestra parte, deseamos que no se atribuya a vana pretensión el título de este libro, pues si le hemos dado el nombre de una joya de nuestra fauna, es porque se trata de una modesta larva, esperando que nuestro humilde gusano de luz ilumine, aunque sea con fugitivos resplandores, las inteligencias infantiles a las cuales está destinado.” (E. Correa Morales. Isondú. Lecturas variadas para escuelas comunes. 1914)

Lo increíble de cruzarme con este libro fue encontrar esa fotografía, en la que el dedo que faltaba estaba completo. El índice no es cualquier dedo para un fotógrafo, por esa ausencia había hecho la toma de la misma escultura del niño en el cementerio de Recoleta, y de ahí nació el resto de Isondú.