El Extranjero



Él ha transformado la caricia
en el Extranjero.

Despierta cada día
con un perro en la mano.

Con la mano en sí mismo
otras madrugadas.

Yo viajo al Extranjero cada tanto
y encuentro a la caricia.
Incluso encuentro al perro.

Pero a su mano, no.

Mineros



La materia es resistente a la luz.
Lo que hiende abre surco y arrastra consigo
el aroma de lo intacto
vuelto huella, oscilación, desequilibrio.

La materia resiste para que la empuñen
como es cierto que hay Dios.

El cuerpo resiste a la ausencia de luz
con mineros de carbón durante el día
con mineros de salina por la noche.

El cuerpo resiste con la pala al hombro
debajo del pie, empujando la sal, el carbón
lanzando la materia por la espalda
para hacerla invisible.

La materia vuelta montaña de luz.
La materia vuelta socavón.

Y el cuerpo devuelto a su mano hábil, acaricia
la cicatriz, la muerte o piedra o grieta
blanca sobre negro, muñón del cielo.

El cuerpo resiste con la palabra al hombro
con la sombra que da, con la duda que cabe.
El cuerpo empuña y abre, empuja y ama.

La palabra resiste en su roca pulida
con la luz agazapada y una grieta de amor.

Mientras la muerte trabaja su espalda invisible,
la materia resiste.

Brothers in arms



Somos cada uno Caín, Abel, 
o la mujer que navega entre los dos.

Sos mano, voy ahí
decimos entre cartas.

En la pantalla agoniza el fuego.
Su sombra aumenta al abrir los ojos.

No vale espiar.

Ella avanza en la incertidumbre de la luz
entre bloques de hielo seco.

Por la rendija pasan cartas sin magia ni suerte
mientras la vida cambia de canal.

La vela oscila en los barcos del pudor
una lengua de señas
sin interlocutor, intérprete
sin mapa, sin cofre, sin oro
sin rumbo fijo.

La lengua siempre ha sido la mitad de la lengua.
El abrazo imposible trepa por la arboladura.
El fin del juego es la orilla vecina.

Porosa



La carne no se toca sino a través
de sus representaciones.

Cuaja a medias la oquedad
de las estatuas vivientes.

Los maniquíes enfrentan su mutismo de vidrio
contra el aire despedido como huella
que acaba en la mirada.

A la derecha del poema
toc
mirando hacia la corte
toc toc.

Pasajeros de yeso a punto de quebrar
la barrera del sonido.

La carne se detiene a observar
su parte inflable
pasar y elevarse
entre sonoros comentarios
de los que compran y venden
de los que se prueban
de los que dejan y se van.

Todo es suficientemente confuso ya.

Sólo el reflejo hará crecer en número
a los cortesanos del decir.

Un dolor de piernas equivalente
a la cantidad de horas en el simulador
detiene el tiempo que resta
para decir lo indecidible.

De carne somos
carne articulada.

Carne y no corteza.
Abrimos de ocho a diecisiete
con pausa para almorzar
mover un poco la ropa de sitio
y ver cómo vuelan
los que pudieron huir.

Piernas como mejillas



Piernas como mejillas, quizás de mujer
en la curva rasurada de la oscuridad.

Pasan las horas, el vello crece y raspa.

Difícil acercarse al linaje de pieles
pedir por los difuntos, por la madre que sí
por el padre que nunca.

Entre las piernas una boca de tormenta.
Sus fluidos, milímetros caídos
se miden los largos.
La humedad es un barbero
que los saca de quicio.

Mejillones
cuando están blindados
y no hay uña ni golpe posible
ni perro pidiendo por los restos.

Con tal rugosidad marina, costra azul
los labios dan respingos en la pieza coral.

Todo lo elemental es sensible al tacto.

Los bulbos pilosos reaccionan
con asperezas por fuera de la tonalidad.

Besos que no harán olas pero empañan el espejo
abren el camino entre ciegos y mudos.

La carne es un diluvio
todo lo que se mueve
desemboca en el mar.

El sedimento guarda las formas
como una mano que aprieta el agua.

Sólo cabe un dedo, señala
en la superficie pulida
el filo de tu rostro.


Exoesqueleto



Existe un continuo entre la piel y la piel
que no es aroma ni pendiente
ni carne buscando rumbo.

Penetra desenfocado
el animal que huye de sí
como predador de sí
presa de sí
otro de sí que vuelve
entre tu piel y mi piel
y nuestras cuatro patas.
Bruma del camino vuelto atajo.
Peligro en el corazón del recorrido.
La duración de la vida
y un par de señales
que no logro eludir.

Con toda el alma en su paquete
el derrame entre el líquido
y su fuente
es la espuma rabiosa
del encuentro fugaz.

Incluso el humo está hecho de huesos
pero los caracoles
han vuelto lentitud
todo lo que sostiene.

El amor no es un exoesqueleto.
La baba del músculo encalla
en el  torpe balbuceo.
La caricia y sus digresiones.
La persecución por el sólo arte
de aprender a correr.

Estamos como siempre
los mismos de siempre
haciendo lo de siempre.

Callados y ocultos
como siglos de hace siglos
náufragos del tiempo
vuelto orificio y arenal.
Sargazos de ahogado
con todo el aire por delante.



Guerra sin manos















bajo las uñas los restos de silencio
arrancados a las fauces de la velocidad

los dedos húmedos de cal
tamborilean el desplazamiento

el espesor del camino de cintura
las manos juntas sin mutilar

la parte sana vuelta envoltura
y devuelta a sus dos mitades

brújulas de una sola aguja puesta a tiro
entre el más allá y la lentitud

los puntos cardinales se saltan
del tejido oracular

el destino es una bala de salva

el dibujo que traza en los soldados
la lucha por volver a unirse
a su ejército de dos

dedos
uñas
restos

y lo que resta decir
como quien hizo del Uno
dedos que dibujan en el aire
lo que fue alguna vez
palabra dicha

un muñón que hizo del rezo
comida para el número par

guerra sin manos