Soplo

“El caballo era de vidrio, 
igual le miramos los dientes”

Dejamos por escrito la noche 
que los gigantes quedaron a cargo,
no fuera a ser que a esos soldados invisibles les diera por volver.

Malditas desnudeces, filosas, penetrantes.
Malditas cobardes astillas 
de cristal elástico, indolente.
Así no se conquistan ciudades, 
no se cruzan mares, no se puede así.

Un soldado son sus partes 
dispersas por la duda, el desconcierto.
Pero esto es demasiado. 
Esta certeza constante del equino completo.
Nada por aquí, nada por allí, 
nada que sospechar. 
Todo es tan transparente.

Da miedo verlo, 
darlo vuelta y volver a verlo, 
del derecho y del revés.
Imposible cabalgar tamaña amenaza, 
montar en pelo el vacío, 
las cuatro patas del aire.

Crece acompasada la molienda, 
el movimiento debería alimentar 
el viento que lo lleve. Que se lo lleve. 
No vaya a ser que vuelvan a unirse los soldados 
y esta vez sí los quiero ver.

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