Porosa

La carne no se toca sino a través
de sus representaciones.

Cuaja a medias la verdad
en las estatuas vivientes.

Los maniquíes enfrentan su mutismo de vidrio,
el aire despedido,
la huella que acaba en la mirada.

A la derecha del poema
toc
mirando hacia la corte
toc toc.

Pasajeros de yeso a punto de quebrar
la barrera del sonido.

La carne se detiene a observar
su parte inflable
pasar y elevarse
entre sonoros comentarios
de los que compran y venden
de los que se prueban
de los que dejan y se van.

Todo es suficientemente confuso ya.

Sólo el reflejo hará crecer en número
a los cortesanos del decir.

Un dolor de piernas equivalente
a la cantidad de horas en el simulador
detiene el tiempo que resta
para decir lo indecidible.

De carne somos
carne articulada.

Carne y no corteza.
Abrimos de ocho a diecisiete
con pausa para almorzar
mover un poco la ropa de sitio
y ver cómo vuelan
los que pudieron huir.

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