Fotos de cartón





I

no domina el cartón
el pliegue se vuelve

hay una anguila doblando un cartón
la caja está llena

afuera de la caja se guarda lo demás
lo que está ciego

lo que deja del cartón es
lo que se puede doblar

II

pisa el hueco del tetra y lo levanta
el estruendo queda atrás
no cabe dentro del carro

el sonido del cartón
sólo se propaga en el vacío

III

se lleva a sí mismo
en lo que da de comer

el peso neto
y el peso escurrido de la leche

el té del hijo de la merienda

residuos de la tarde
saquitos por si llueve

un castillo de cartas
para la cena

y un pedazo de mujer
para mojar

Otra Selva Fría



[...]


la empuñadura
talla la fatiga

aquello que da de comer
es el dibujo blando del radal

un tratado de mil hojas
para los días de lluvia






cintura que mana de una esponja
borrando huellas
en la Selva Fría

frio en los huecos del cayado

respiro

por el canal abierto de la caña

doy

con mi blanco
móvil

vuelvo



El lingüista José María Areta continúa traduciendo la Selva Fría, tomando fotografías en el invierno de Seúl:


Me llena siempre de una quietud que no es calma, sino tensión subyacente, como la imagen del castor que cita en otro lugar de su libro: rasguños, surcos, heridas todas. En resumen: pérdida y cicatrices del dolor. Si nos alejamos lo suficiente podemos perder las proporciones. Perdemos las sombras, la textura, los rasgos que definen lo específico: todo pasará a ser genérico, idealizado. La distancia idealiza, generaliza, borra. Borra, borra y borra. Luego hemos de completar los trazos como en los pasatiempos de enlazar puntos y descubrir figuras ocultas.

¿Lo suficiente?
Eso mismo.

José María Areta - Seúl, Corea. 2009

Otra Selva Fría

Enero de 2009. En pleno invierno, el fotógrafo-lingüista José María Areta recorre la selva de Corea con su cámara y lee poemas escritos en la Patagonia. Éste es el resultado:



algo más profundo que el rocío
se posa en los arbustos

la senda por la espina del frío
tiñe los dedos al hablar

el paso debe ser silencioso

los labios se alejan
violetas

la bahía fecunda en las rodillas
para hacerse dulce
el descenso en las aguas

Calafate es el nombre de un fruto

Silvia Castro, La Selva Fría




el viento agita en su mano
las pulseras del vacío

en el cielo de la durísima lentitud
flotan las cañas de la Selva Fría

la distancia que nos une
se mide en nudos

[...]

existe todo un mar
entre oriente y occidente

será necesario
un corte




la escarcha toma su cola de pez

un hilo plateado
en el cristal mullido

reconozco
al tacto

la espina de la fragilidad

Algunos comentarios...

Una estrofa de un poema que me impresionó por la imagen del castor, que de por sí es un "depredador" del entorno. La foto la he hecho expresamente para esa estrofa, así que no tengo excusa.
Me ha gustado muchísimo tu libro. Creo que tienes una sensibilidad exquisita.
Espero que el dolor sea controlable. Como diría Tesnière, dónde lo escribieras es un "circunstante".
Cuando veo alguna imagen (fotográfica o literaria) de la Patagonia me imagino una naturaleza virgen, con un silencio abrumador, roto por la propia agonía del mundo.
Así veo tu poesía.
Lo que he leído en ciertos momentos me recordaba una oración.
Imagino que citaré más de tu obra, si me dejas. Me gusta. Me parece de una sinceridad hiriente.
Saludos desde Corea. José María Areta

El ojo de Lucas Marín

El pizarrón y el espejo


pizarrón:

escenario para dar una clase

negro como un espacio teatral

opaco como lo contrario a una pantalla



espejo:

plano que imita al espacio, que roba la luz

y copia lo visible en su ambiente infinito

vidrio que imagina o sueña en la sombra



denso y transparente, carbón y vidrio

el espejo es el inventor del lugar

la pizarra es la ficción del vacío (o viceversa)



se pueden escribir textos, representar sobre el fondo negro
dibujar las líneas / los cuerpos, copiar lo real y lo otro

negro y blanco, tiza y luz, materia y viaje / clases de mundo



Secuela



han escrito en el pizarrón del espejo

sobre esa pintura negra atrapada en el cristal

el que se mira es de tiza, escuela

pero no sabe leer



Luz para llevar



Traducir el viaje de luz

equivalencia de la suma del vidrio

talladores de espejos

en la aureola cenital hay pulso público


Arca
escena

chorro de agua esmerilada
libro deshojado en cristales


la valija abierta

lleva

lo incompleto
o el viaje inmóvil



Lucas Marín

teatro / dibujo / fotografía / poesía en el pizarrón y el espejo.

El último organito


Pascual Miralles Alberola - Fotógrafo minutero

Lo único que soporto, que me gusta, que me es familiar cuando me fotografían es el ruido del aparato. Para mí, el órgano del Fotógrafo no es el ojo (que me aterra), es el dedo: lo que va ligado al disparador del objetivo, al deslizarse metálico de las placas (en los casos en que el aparato consta todavía de ellas). Gusto de esos ruidos mecánicos de una manera casi voluptuosa, como si, en la fotografía, fuesen aquello –y nada más que aquello- a lo que mi deseo se aferra, rompiendo con su breve chasquido la capa mortífera de la Pose.
Para mí el ruido del Tiempo no es triste: me gustan las campanas, los relojes... –y recuerdo que originalmente el material fotográfico utilizaba las técnicas de ebanistería y de la mecánica de precisión: los aparatos, en el fondo, eran relojes para ser contemplados y quizás alguien de muy antiguo en mí oye todavía en el aparato fotográfico el ruido viviente de la madera.

Roland Barthes. La cámara lúcida. p. 44